EL APRENDIZAJE DE LA MOTRICIDAD FINA Y GRUESA DE LOS NIÑOS Y NIÑAS DE PREESCOLAR SEDE No. 4 DE LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA NORMAL SUPERIOR DE BARBACOAS
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Alexandra Cabezas, Valencia
Eucaris, Castillo Ortiz
Katherine Ponte, Guerra
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Resumen
MOTRICIDAD FINA Y GRUESA, LUDICA, LATERALIDAD, TEMPORO - ESPACIAL. El juego y la alegría son la motivación del aprendizaje de los niños. Además es a través de la lúdica donde el niño aprende a respetar la libertad de los demás, su libertad termina donde comienza la del compañero, se le da la oportunidad de combinar actividad y pensamiento, desarrolla su curiosidad, comparte experiencias, sentimientos y necesidades, articula la realidad y la fantasía, el conocimiento y la emoción, piensa, indaga y observa y sobre todo relaciona los nuevos descubrimientos con experiencias vividas y así crea nuevos conocimientos que para que sea eficaz la coordinación psicomotriz se requiera de una buena integración del esquema corporal. Por lo anterior podemos anotar que el docente preescolar debe ser consciente de la importancia de utilizar la lúdica como estrategia pedagógica, que es fundamental para el desarrollo del niño, son significativas estas actividades de motricidad, lateralidad y tempero-espacial y por ello acompañar y permitirle al niño que exprese sus inquietudes a través del juego (rompecabezas, dominó, loterías, expresión corporal, rondas) las cuales le facilita el establecimiento de relaciones entre objetos. También el docente debería seguir un proceso de enseñanza-aprendizaje ordenado para evitar un bajo nivel en la competencia motriz de los niños y niñas, es necesario considerar además que es importante para la autoestima del niño ser eficiente en los juegos motores, ser capaz de realizar las acciones motrices que realizan otros niños de su edad. Estamos plenamente convencidos que un niño feliz es aquel con una autoestima elevada; teniendo esta señal como finalidad el docente puede ayudar al niño en su autoconocimiento personal y desarrollar al máximo sus niveles de competencia motriz. "Hoy día, se ha acumulado ya experiencia suficiente para darnos precisamente una fórmula de ese tipo: el niño que posee autoestima elevada es el que más probabilidades tiene de triunfar. Más y más investigaciones demuestran que entre el niño que funciona plenamente y el niño que marcha por la vida entre tropiezos existe una diferencia fundamental. La diferencia reside en la actitud de uno y otro hacia sí mismo; en su grado de autoestima" (Corkille, D., 1.970).
